Decenas, cientos, miles. ¿Cuántas personas desaparecieron desde el regreso de la democracia? ¿Cuántas familias siguen buscando a esa persona que un día se fue de su casa y nunca más volvió?

La respuesta, la verdadera respuesta, es que nadie tiene mucha idea: registros duplicados, personas que aparecen luego de la denuncia de su familia pero la búsqueda nunca se da de baja, información mal cargada, bases de datos que no se pueden corregir, ausencia de un registro centralizado, son solo parte del problema.

Todo esto no es nuevo, pero el caso de Diego Fernández (16) reinstaló el problemática.

Diego desapareció el 26 de julio de 1984. Se fue de su casa en Villa Urquiza y sus restos recién aparecieron el 20 de mayo pasado. Lo habían matado de una puñalada, intentado descuartizar y enterrado en un jardín. Casi 41 años exactos estuvo sepultado en los fondos de la casa de su compañero de colegio, Cristian Graf (hoy de 58 años), en el barrio de Coghlan. Estaba a apenas cuatro cuadras de donde un amigo lo había visto por ultima vez.

El cuerpo fue encontrado de casualidad por unos obreros que construían una medianera en lo que había sido una vieja casona situada en avenida Congreso 3748, donde alguna vez, brevemente había vivido Gustavo Cerati. Los restos cayeron desde la propiedad lindera, la casa de los Graf, en Congreso 3742.

La entrevista de los padres de Diego Fernández Lima con la revista ¡Esto! en mayo de 1986, dos años después de la desaparición del adolescente.

Lo que no fue casualidad fue el trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) que logró extraer ADN de los huesos, trazar un perfil de la víctima y aportar los datos clave para que una familia (que resultó ser la de Diego) dudara, pensara y se acercara a la Justicia a ver si su búsqueda había terminado al fin.

Es en el EAAF -internacionalmente reconocido por su trabajo en la identificación de cuerpos esqueletizados- donde hoy se está encarando el trabajo más serio, sino el único, para conformar una base de datos que permita entrecruzar denuncias de desapariciones y hallazgos de cuerpos NN.

Se trata de una tarea ardua, tipo hormiga, que se complementa con una tarea detectivesca (búsqueda en redes sociales, padrones, bases de datos comerciales). Todo se se activa cuando se encara cada caso.

Y en esto, agosto fue un mes movido.

Diego Fernandez en su ultima foto de febrero de 1984.Diego Fernandez en su ultima foto de febrero de 1984.

Tras la primera publicación en Clarín de la identidad de Diego Fernández, otras 20 familias se acercaron al EAAF para pedir ayuda. Para muchos es un paso dificilísimo: recurrir a este equipo supone partir de una hipótesis fuerte de una muerte en circunstancias desconocidas.

De los 20 casos, que se contactaron por mail ([email protected]) o por teléfono (0800-3453236), solo 6 estaban ya registrados en la base de datos que esta armando el equipo. Estos seis (uno de Mendoza, dos de La Pampa, uno de CABA y dos de provincia de Buenos Aires) tenían bastante información ya que en su momento fueron judicializados, aunque luego se estancaron.

El resto son un verdadero desafío. Entre esos 16 casos hay uno de una chica que está buscando a su padre, uruguayo, pero no pudo aportar ni su número de documento de identidad.

El trabajo arranca con entrevistas con las familias, toma de muestra de ADN y búsqueda en registros de redes sociales y organismos públicos. Primero hay que descartar que la persona esté viva en algún lado sin ningún problema o ignorando que la buscan.

Trabajo de hormiga

A través de convenios con el Sistema Federal de Búsqueda de Personas Desaparecidas y Extraviadas (Sifebu), la Junta Federal de Cortes Supremas Provinciales y el Ministerio Publico de la Provincia de Buenos Aires, el EAAF confecciona su base de datos de personas desaparecidas en democracia.

El equipo cuenta con diferentes grupos de trabajo y un núcleo duro, sólo por nombrar a algunos de sus referentes, compuesto por Mariella Fumagalli, directora de Argentina; Virginia Urquizu, de la Unidad de Casos; Analía González Simonetto, del Laboratorio Antropológico; y los investigadores Daniel Bustamante y Carlos “Maco” Somigliana.

El equipo del EAAF casi a pleno. El equipo del EAAF casi a pleno.

En total, los miembros del EAAF son unos 30, incluyendo el Laboratorio de Genética Forense, ubicado en Córdoba y uno de los pocos en el mundo con nivel de excelencia a la hora de rescatar ADN en huesos. Allí fue donde en tiempo récord se extrajo el perfil de Diego Fernández de uno de sus dientes. Este patrón luego fue cotejado con la muestra tomada a Irma Lima (87), su mama, y dio un 99,9 por ciento de de coincidencia.

Los especialistas de Búsqueda de Terreno, Laboratorio de Análisis Forense, Unidad de Casos (contacto con las familias e investigación) Laboratorio de Genética Forense y Unidad de Identificación trabajan en conjunto para un mismo objetivo: llegar a una verdad que le ponga nombre y apellido a una tumba y, a la vez, le brinde un cierre a la familia de la persona finalmente encontrada.

El Sifebu le envió al EAAF una cantidad enorme de denuncias que comenzaron a ser chequeadas una por una para ingresarlas en la base con un mismo criterio. Unos 6.000 casos ya fueron cargados con denuncias de desapariciones en el periodo 1990-2011. Lo que resta hasta nuestros días, se está trabajando de adelante par atrás- Ya se logró cargar todo 2025. A esto hay que sumarle 98 casos que recién ingresaron de la Provincia de Buenos Aires.

Es un trabajo de hormiga, pero de una hormiga en una tormenta de arena. De todas maneras, en el EAAF, por tradición, no se baja los brazos. Así lograron identificar en octubre de 2017 a Mariela Tasat, una adolescente de 14 años desaparecida en 2002 en Lanús.

La habían buscado en redes de trata y de explotación infantil, pero 15 años después descubrieron que había sido enterrada sin identificar después de haber sido arrollada por el tren.

La mamá de Mariela Tasat pensaba que se la había llevado una red de trata.La mamá de Mariela Tasat pensaba que se la había llevado una red de trata.

Su cuerpo estaba a 16 cuadras de su casa. El caso Tasat fue el primero documentado por Missing Children, organización en la que entonces trabajaba María Marta García Belsunce, asesinada en octubre de 2002 en su casa del country Carmel, de Pilar. El tren deformó tanto a la adolescente que en la autopsia se calculó su edad en unos 30 años, lo que dificultó la búsqueda.

En el EAAF -que funciona donde estaba la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA)- ahora está también la foto de Diego Fernández. Un recordatorio, más actual, de que buscar es la única manera de llegar a la verdad.

A veces la verdad no gusta, claro, pero es irremplazable.



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